El orden global que respalda la prosperidad alemana se está desmoronando, y Angela Merkel no sabe qué hacer al respecto.

La política “America First” (EE.UU. primero) del presidente Donald Trump está obligando a Alemania a lo imposible: escoger entre EE.UU. y China. Esto significa decidir entre la fuerza detrás del éxito económico moderno del país y la clave para su futuro crecimiento.

El resultado es una parálisis política en un momento en que los aliados de Alemania están buscando un liderazgo político.

En temas relacionados con comercio, seguridad cibernética y reforma fiscal internacional, Merkel está paralizada por temor a contrariar a los socios comerciales clave de su país. El temor en el círculo de Merkel es que cualquier posición firme genere una reacción violenta que descontrolaría las tensiones, según personas familiarizadas con su pensamiento.

La urgencia se intensifica. La economía se está desacelerando, los populistas instigados por Trump están avanzando en toda la UE, y los rivales estratégicos de Merkel están trazando planes para alejar a más países del sistema multilateral que ella atesora. Su desesperación es cada vez más evidente.

“¿Nos estamos dividiendo en pequeñas piezas de rompecabezas cuando todos piensan que pueden resolver mejor los problemas por sí mismos?”, preguntó Merkel el mes pasado en la Conferencia de Seguridad de Munich. “Si este es el caso, como canciller alemana solo puedo decir: las perspectivas son malas para nosotros”.

En el ojo de la tormenta está la poderosa industria automotriz de Alemania, que ya está lidiando con la transición a una era de vehículos eléctricos y de conducción automática.

Trump amenaza con imponer aranceles a los automóviles europeos importados, una medida que afectaría particularmente a Mercedes-Benz, BMW y Porsche de Volkswagen AG. Los aranceles estadounidenses reducirían las exportaciones de automóviles alemanes en aproximadamente 18.400 millones de euros (US$20.700 millones), según un estudio del instituto de investigación económica Ifo con sede en Munich.

A pesar del antagonismo de la Casa Blanca y ante la frustración de los franceses, Merkel está decidida a seguir acercándose a Trump. La líder alemana quiere involucrar a EE.UU. en las negociaciones sobre un acuerdo comercial más amplio lo más rápido posible y le preocupa que las represalias de la UE sobre los aranceles se conviertan en un conflicto comercial transatlántico a gran escala, dijo una persona familiarizada con la posición del gobierno.

Alemania paralizada por ataques de Trump a orden global

La disputa por los autos es una señal de que la geopolítica se está volviendo cada vez más incómoda para Alemania. Durante décadas, el país se benefició de un sistema de comercio internacional administrado por el occidente y respaldado por el poder militar de EE.UU.

Esos días se acabaron. Trump ha sembrado dudas sobre su compromiso frente a la defensa de los aliados de EE.UU. en la OTAN, los populistas de toda Europa se están oponiendo cada vez más al libre comercio y desafiando los principios fundamentales de la pertenencia a la UE, y China está ofreciendo una fuente de financiación alternativa a naciones más débiles como Italia, Portugal y Grecia, las cuales se han sentido frustradas por la insistencia de Alemania en el ajuste presupuestario.

“Alemania está atrapada en el dilema que significa un cambio en los patrones comerciales y no sabe cómo reaccionar”, dijo Sebastian Dullien, analista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Como resultado, Merkel ha cambiado de opinión entre compromiso y firmeza. A veces trata de cortejar tanto a EE.UU. como a China, mientras que en otras veces articula una postura nacional más fuerte en respuesta a las amenazas. Tiene que adherirse a una posición.

Un área en que la canciller adoptó una posición es sobre el nuevo gasoducto hacia Rusia. Merkel se mantuvo firme en el proyecto Nord Stream 2 a pesar de las quejas de EE.UU. sobre la creciente dependencia de Moscú y las preocupaciones europeas sobre el debilitamiento de Ucrania. El gobierno también ha reforzado las normas sobre adquisiciones extranjeras en aras de proteger la tecnología alemana de rivales económicos como China, el todo alineado con la nueva estrategia industrial del ministro de Economía, Peter Altmaier, para Alemania.

Pero en la mayoría de las áreas, el deseo de la canciller de evitar más conflictos impide que Alemania, y con frecuencia la UE, adopten una posición.

Nota Original:Germany Paralyzed by Trump’s Attacks on World That Made It Rich

Ben Sills, Chris Reiter

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