La desgracia de Turén

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Lo que sucede en el interior del país es digno de una película de terror. Los venezolanos de las pequeñas ciudades y pueblos viven las peores desgracias y todo es más difícil para ellos. Es el resultado de 20 años de abandono, porque el gobierno solo se preocupa por lo que pasa en Caracas y por mantener las apariencias en la capital.

No es que no ocurran crímenes espantosos en los municipios capitalinos, pero el interior está más desprotegido. Si en la ciudad la actividad de los cuerpos policiales se desvía hacia el amedrentamiento, la persecución política y la protección de sus líderes, en el interior (que no tienen ni agua ni luz) se dedicarán a cualquier otra cosa para poder sobrevivir.

Ahora le toca a la Fiscalía General dar con el paradero del asesino de las mujeres en Turén, estado Portuguesa. Fueron ultrajadas, ahorcadas y abandonaron sus cadáveres en terrenos baldíos. No hay justificación alguna para este crimen, así como no se justifica ningún asesinato.

Lo alarmante de estas muertes es que se suman al número de feminicidios que están ocurriendo en el país. La ley hace una diferenciación entre femicidio y feminicidio. El primero tiene como motivación el género y el segundo puede ser consecuencia de un acto delictivo. Pero sea como sea, el responsable debe pagar su delito.

De acuerdo con la organización Utopix, en 2020 ocurrieron 256 femicidios en Venezuela. Este número debe necesariamente esconder un subregistro, pues el gobierno no da cifras oficiales al respecto. Tampoco informa sobre las mujeres asesinadas en otras circunstancias.

Aunque se llenen la boca diciendo que promueven el respeto a los derechos de la mujer, todo el mundo sabe que es parte de un discurso para quedar bien. En vez de diluir un presupuesto en pura burocracia, lo que deberían hacer es invertir en educación y seguridad para las venezolanas, porque está visto que cada vez están más expuestas a la violencia y a la crisis.

Pero es mucho pedir a un gobierno que no se ocupa de los ciudadanos, que no les importa que las mujeres tengan que madrugar para conseguir el pan para sus hijos, que las adolescentes se embaracen cada vez más temprano o que tengan que someterse a parejas que las maltratan. El gobierno es el principal maltratador.

Esperemos que por lo menos se haga justicia para estas dos venezolanas y se atrape a los responsables lo más pronto posible para que las mujeres de Turén puedan estar un poco más tranquilas.

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