¿Y ahora qué?

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“Nos queda mucho por hacer…

Vamos a seguir aislando a Maduro económica y políticamente”

Mike Pence. 26 de febrero de 2019

Hagamos un ejercicio de escenarios.

Luego de las innumerables derrotas que desde 1999 y en todos los ámbitos ha tenido el imperialismo en sus intentos por acabar con la revolución bolivariana, el objetivo sigue siendo el mismo: destruir la esperanza del socialismo y hacerse, nuevamente, de las riquezas naturales de los venezolanos.

El que los grandes capitales logren su objetivo pasa, necesariamente, por separar al presidente legítimo, Nicolás Maduro, de su cargo. Las dos probables rutas son: la constitucional o la violenta.

En cuanto a la primera y según el artículo 233 de nuestra Carta Magna implicaría: 1) la enfermedad del primer mandatario quien ha dicho que se encuentra en óptimas condiciones de salud; 2) su eventual muerte, escenario en el que los drones, en un intento fallido, han tenido un papel estelar; 3) el revocatorio del mandato, lo que los obliga a esperar 3 años más a que se cumpla la mitad del período presidencial, el cual inició, legítima y constitucionalmente el 10 de enero de 2019; 4) la renuncia del presidente, quien, habiendo sido electo el 20 de mayo de 2018 por el 68% de los electores en comicios transparentes, universales, directos y secretos, ha dicho incansablemente que no renunciará.

La vía constitucional no es la que ha transitado el imperialismo y sus voceros locales estos últimos 20 años. Entre otras razones, además de su talante antidemocrático, es que dada la falta absoluta del Presidente de La República deben cumplir otro requisito, ganar las elecciones que deben celebrarse a más tardar los 30 días siguientes.

Les queda, como siempre han optado, la vía violenta: el golpe de Estado o la intervención militar.

1. Intervención militar.

No están dadas las condiciones para una intervención militar en Venezuela. En adelante algunas de las razones.

China y Rusia han ejercido su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU ante la posición injerencista de EEUU de intervenir en territorio venezolano aunque disfrazada de ayuda humanitaria

Trump no cuenta con el apoyo del Congreso de los EEUU y por lo tanto, no cuenta con los recursos para una intervención militar en Venezuela. El jefe de la comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Eliot Engels, dijo: “Me preocupan los comentarios del presidente [Donald Trump] insinuando que la intervención militar sigue siendo una opción. Quiero dejar en claro a nuestros testigos y a cualquier otra persona que esté observando: la intervención militar de Estados Unidos no es una opción”. La división entre demócratas y republicanos en el Congreso de los EEUU limita la opción militar a Trump.

Los países de la región que se conforman en el denominado Grupo de Lima, a excepción de Colombia, rechazaron la intervención militar en Venezuela. Así lo declararon en la reciente reunión celebrada el 25 de febrero en Bogotá a la cual asistió Mike Pence, vicepresidente de EEUU[3]. En otras palabras, recularon. No están de acuerdo con el uso de la fuerza, saben que un conflicto armado en territorio venezolano trasciende las fronteras, se regará por toda la región, incendiaría todo el Continente.

Este escenario de rechazo al uso de la fuerza se enmarca en el apoyo de China y Rusia al pueblo venezolano. China con su indudable poder económico y Rusia con su evidente poderío militar. Ambos países, con una concepción pluripolar y multicéntrica, avanzan desde Oriente en una Ruta por la Seda que busca enfrentar la hegemonía comercial, financiera y monetaria de EEUU. Buscan debilitar la supremacía del petro-dólar-papel con el petro-yuan-oro. De allí su interés por evitar que el imperio estadounidense se haga de la primera reserva de petróleo del mundo y de la primera de oro, elemento que se perfila como el sustento del nuevo sistema monetario internacional. En palabras llanas, en la disputa geopolítica mundial, los venezolanos tenemos la Joya de la Corona.

Un efecto cascada del derrocamiento de la revolución bolivariana arrastrará a la nicaragüense y a la cubana. Tal como lo denunció el Canciller de Rusia, ambos países, en el marco de la Doctrina Monroe, serán los próximos objetivos[4]. La Ruta de la Seda necesita de un canal desde el Pacífico hasta el Atlántico del Norte. Nicaragua es geográficamente estratégica.

La Presidenta del Senado de Rusia, ante tal amenaza, dijo que harán todo lo posible por evitar una intervención militar en Venezuela. El Senado ruso aprobó una declaración en la que advierte a EEUU que cualquier intervención en Venezuela sería interpretada como un “acto de agresión”[5].

En una posición compleja se encuentra Brasil, cuyo vicepresidente Hamilton Mourão afirmó que “no apoyará uso de su territorio para invadir Venezuela”, también dijo que Brasilia trabaja para evitar que la “crisis” se convierta en un conflicto regional, y explicó que cualquier presencia militar extranjera en Brasil debe contar con la autorización del Congreso Nacional, que el Gobierno de Jair Bolsonaro simplemente no puede permitir el ingreso de las fuerzas de forma unilateral

Brasil forma parte de los BRICS, mirar hacia Oriente o hacia Norteamérica les debe resultar una gran disyuntiva. Pareciera, por el recule en el Grupo de Lima, estar apostando por China, Rusia, India y Suráfrica. Los brasileros deben estar pensando muy bien las implicaciones de dar la espalda a estos 4 países que en un nuevo reordenamiento económico mundial y multipolar se perfilan como las grandes potencias, con mucho oro y potenciales grandes mercados.

EEUU amenaza con una intervención militar al pueblo de Bolívar en un contexto en el que el viejo continente se encuentra no solo dividido, sino políticamente débil por las tensiones internas ante los efectos de las políticas neoliberales que han impuesto a sus pueblos, la primera muestra de las muchas que se esperan son los chalecos amarillos que sábado a sábado ocupan territorio francés.

Y aunque el imperialismo estadounidense cuenta con sus aliados de siempre, los gobiernos de Inglaterra, Francia y España, el resto de los países europeos cejaron en cuanto al uso de la fuerza. “Hay que evitar la intervención militar” fue lo que dijo la portavoz comunitaria para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Maja Kocijancic.

Las inversiones y relaciones comerciales con nuestros vecinos del continente, pero también con Europa, con China, Rusia, la India, son factores que influyen en la decisión de estos países de evitar un conflicto armado en Venezuela. El 44% de la inversión china en América Latina entre 2005-2016 se concentró en Venezuela, mientras que el embajador ruso en Venezuela, Vladímir Zayemski, fue muy claro al decir que “Moscú responderá de la manera “más dura” si las inversiones rusas en Venezuela se ven amenazadas”[9].

La respuesta de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana con el apoyo y poder militar de Rusia ante una eventual intervención armada por parte de EEUU, es un factor adicional que el imperialismo debe estar considerando.

Se suman a todos estos factores la división interna entre los Continentalistas estadounidenses del Tea Party Republicano con sus empresas petroleras, industriales y militares quienes siguen apostando a la hegemonía del petro-dólar-papel versus los Globalistas, principalmente demócratas liderados por los Clinton y los Obama, quienes trabajan por un nuevo sistema monetario internacional con una moneda única a nivel mundial, los mismos que buscan el impeachment a Trump.

En este contexto, en el que la mayoría de los países del mundo rechazan el uso de la fuerza por parte de EEUU contra el pueblo venezolano, Elliot Abrams, enviado especial de Trump a Venezuela, con amplio prontuario y condenado por el caso Irán-Contra, afirmó: “Nosotros hemos dicho que no vamos a usar fuerza, la acción militar no es la idea”[11].

Luego del cejo de EEUU surge la pregunta ¿y ahora qué?

La respuesta la dio Mike Pence en el mismo momento en que reprochó a Guaidó por el fracaso que ha representado la inserción de la supuesta “ayuda humanitaria”, que no era más que el disfraz de la intervención militar en suelo venezolano y su incapacidad de hacer desertar a los militares de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) para que se sumara al golpe de Estado contra el presidente legítimo y constitucional Nicolás Maduro[12].

Le dijo Pence a Guaidó: “Nos queda mucho por hacer…Vamos a seguir aislando a Maduro económica y políticamente”[13].

William Brownfield, vocero de Trump confesó que “la mayor resolución sería acelerar el colapso aunque ello produzca un periodo de sufrimiento de meses o quizás años [para los venezolanos]” [14].

2. Golpe de Estado

Al no ser la intervención militar el escenario más probable que le permita al imperialismo separar de su cargo al presidente Nicolás Maduro, es el golpe de Estado la opción que les queda en su tránsito por el camino anticonstitucional.

Necesitan, y ellos lo saben, del apoyo de la Fuerza Armada Nacional, que además es literalmente Bolivariana, incluyendo su quinto componente la Milicia. Se trata de más de 300.000 hombres y mujeres, a los que se suman 2 millones de milicianos unidos a un pueblo civil profunda y conscientemente patriota.

Muy probablemente no solo continuarán con los esfuerzos por fracturarla sino que los intensificarán. Persistirán en sus planes de desestabilización económica y política a lo interno del territorio buscando presionar y doblegar a nuestros soldados y milicianos.

Estos planes, que, parafraseando a Brownfield serán acelerados, fueron develados en 2018 por Kurt Tidd, entonces jefe del Comando Sur de EEUU en el documento “Golpe Maestro para acabar con la dictadura de Venezuela”.

Se lee allí:

“Continuar endureciendo la condición dentro de las Fuerzas Armadas para llevar a cabo un golpe de Estado”

Es en ese mismo documento donde muestran sus otros planes:

“Reclutar paramilitares mayormente de los campos de refugiados en Cúcuta, la Guajira y del Norte de Santander… exacerbar la división entre los miembros del grupo de gobierno, revelando las diferencias de sus condiciones de vida y las de sus seguidores…generar protestas, disturbios e inseguridad, pillaje, saqueos, robos, asaltos…obstruir todas las importaciones y al mismo tiempo desmotivar a los posibles inversores foráneos…estructurar un plan para lograr la deserción de los profesionales más calificados del país, para dejarlos sin profesionales en absoluto, lo que agravará más la situación interna y en este sentido culpar al gobierno…alentar la insatisfacción popular aumentando el proceso de desestabilización y el desabastecimiento…Incrementar la inestabilidad interna a niveles críticos, intensificando la descapitalización del país, la fuga de capital extranjero y el deterioro de la moneda nacional, mediante la aplicación de nuevas medidas inflacionarias que incrementen ese deterioro…”

Además de conformar grupos paramilitares para desencadenar violencia, aumentarán el desabastecimiento, buscarán acrecentarlo con la complicidad de las corporaciones que desde hace 6 años esconden los alimentos y medicamentos a los venezolanos.

Obstaculizarán las importaciones de los bienes esenciales bloqueando nuestros recursos financieros, además de mayores ataques a la moneda que han derivado en hiperinflación, pulverización del salario real y contracción de la economía.

Con el apoyo de los medios de comunicación seguirán construyendo el discurso de que la responsabilidad de tal situación es de Nicolás Maduro, de la revolución bolivariana y por supuesto del modelo socialista.

Su objetivo, confundir y doblegar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana para que a su vez presione la salida del primer mandatario. A la par, agotar las fuerzas del pueblo venezolano y de esa manera socavar el apoyo a la revolución bolivariana.

Es este escenario el que nos permite responder a otra pregunta que nos hacemos:

¿Por qué si EEUU sabe del poder de veto de China y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU, insiste en seguir siendo derrotado al llevar resoluciones contra Venezuela?

Mantener en la agenda internacional el conflicto con Venezuela es parte de la estrategia que se enmarca en los planes del imperialismo: insistir en crear una crisis humanitaria y posicionar la matriz de la supuesta ayuda para justificar la entrada en territorio venezolano.

Las resoluciones introducidas por EEUU ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en una posición injerencista solicitan nuevas elecciones presidenciales en Venezuela desconociendo las celebradas en mayo de 2018 mediante las cuales Nicolás Maduro ganó con el 67% de los votos, pero además insisten en una supuesta crisis humanitaria y reclaman la entrega de ayuda humanitaria.

Esta estrategia tampoco es nueva, fue develada en 2016 en el documento Operation Freedom 2, suscrito también por Kurt Tidd. Se lee:

“Especial interés adquiere, en las actuales circunstancias, posicionar la matriz de que Venezuela entra en una etapa de crisis humanitaria por falta de alimentos, agua y medicamentos, hay que continuar con el manejo del escenario donde Venezuela está “cerca del colapso y de implosionar” demandando de la comunidad internacional una intervención humanitaria para mantener la paz y salvar vidas…Doctrinariamente hay que responsabilizar al Estado y su política controladora como causal del estancamiento económico, la inflación y la escasez”[20].

De allí el interés de mantener en la agenda pública internacional el punto Venezuela. Regresarán con más fuerza al Consejo de Derechos Humanos y al de Seguridad de la ONU con la excusa de la supuesta crisis humanitaria.

3. Entrega del poder

En este ejercicio de construcción de escenarios, otro puede plantearse: la entrega de las decisiones sobre políticas, particularmente económicas a cambio de mantenerse como jefe de gobierno. Y aunque en estos ejercicios ninguno debe ser descartado, en este caso lo desechamos.

En el marco de esta lucha, que es una correlación de fuerzas entre clases, que se manifiesta en la confrontación de los principios de capitalismo versus socialismo, que muestra la contradicción imperio-nación soberana, el presidente Maduro ha demostrado ser leal a los trabajadores, a no responder a los intereses de los capitalistas, lo que es sinónimo de soberanía e independencia, de lealtad a su pueblo y por lo tanto al legado de Chávez.

Resumiendo, el escenario más probable es que van a seguir desde dentro y ahora con más fuerza. Buscarán la desestabilización económica y política para fracturar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y doblegar al pueblo venezolano y de esa manera presionar la salida de Nicolás Maduro. En lo internacional mantendrán en la agenda la supuesta crisis humanitaria y la necesidad de ayuda para entrar en nuestro territorio.

Nosotros estamos avisados. Tenemos buenos y fuertes aliados. También tenemos recursos y riquezas, la primera reserva mundial de petróleo y de oro. Contamos con un pueblo consciente unido a una Fuerza Armada Nacional hija de Chávez y de Bolívar, siempre leal a su Patria y nunca traidora, que se niega a recibir órdenes del imperialismo norteamericano.

Ellos, el imperio y sus aliados, seguirán siendo derrotados.