Haciendo social el deporte en casa

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En los Estados Unidos, en decididamente un fenómeno social: desde su fundación en 2012, más de un millón de personas se han gastado más de dos mil dólares en una bicicleta estática de Peloton, equipada con una pantalla y conectada a la red para que sus usuarios puedan recibir una motivación extra compitiendo con otros en tiempo real, a cambio de $39 al mes. La semana pasada, la compañía ha iniciado los trámites para salir a bolsa, y los analistas se preguntan cuáles son las posibilidades de futuro de un modelo de negocio como ese.

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La bicicleta estática es el equipamiento para hacer deporte en casa más vendido en el mundo, pero tiene una evidente leyenda negra: la inmensa mayoría dejan de ser utilizadas a partir de un cierto período de tiempo, y terminan almacenadas en un trastero. Encontrar la motivación necesaria para sentarse en ellas y pedalear durante un tiempo no parece sencillo, o al menos, no de manera sostenible. El modelo de Peloton consiste en utilizar la conexión social para generar esa motivación: al otro lado de la pantalla hay clases impartidas por la compañía en todo momento, y puedes competir contra otros usuarios cuyas siluetas ves en gris, además de recibir abundante información y unos cuantos mecanismos de gamificación como un panel de resultados de clasificación en el que compites contra el resto de usuarios. Aparentemente, el hecho de que la bicicleta tenga un precio sensiblemente más elevado que una bicicleta estática ordinaria o que la suscripción ascienda a casi cuarenta dólares mensuales no supone un problema, o no lo suficientemente elevado como para desmotivar a un segmento amplio de usuarios, que proporcionan a la compañía una valoración estimada en los 4,150 millones de dólares. Alternativamente, puedes utilizar otra bicicleta estática cualquiera y usar la app de Peloton en tu smartphone para acceder a alguna funcionalidad limitada por unos $20, pero no puedes combinar el uso de la app con una bicicleta de Peloton para evitar el pago de los $39. El pasado año 2018, la compañía lanzó su segundo producto, una cinta para correr con un precio de 4,000 dólares, y parece ser que está trabajando en un tercero, una máquina de remo, y ha generado un auténtico culto entre sus usuarios, que pueden compartir sus logros en redes sociales.

Por el momento, y salvo algún problema con los derechos de la música utilizados para las sesiones de entrenamiento, la compañía parece seguir alistando usuarios a un ritmo razonable y, con la salida a bolsa, podría consolidarse como un fenómeno interesante. Indudablemente, pocos modelos son tan atractivos como uno que obliga a sus usuarios a una primera inversión importante, que únicamente alcanza su utilidad y funcionalidad completa si, además, mantienes un pago de una suscripción de un precio también elevado (si no pagas, solo tienes derecho a tres clases de ejemplo), y posiblemente, además, esa inversión inicial y periódica jueguen también un papel importante en la fidelización de los usuarios, como lo hace el efecto de reafirmación de ver que no estamos solos haciendo deporte. El modelo, por otro lado, no ha recibido todavía demasiada atención fuera de los Estados Unidos, fue lanzado recientemente en Canadá y el Reino Unido, y parece fácilmente internacionalizable o incluso combinable con otros elementos, como visores de realidad virtual.

Por supuesto, no faltan los competidores: Hydrow, otra máquina de remo; Tonal, un panel grande en la pared con posibilidades de ejercicios múltiples; o Mirror, un espejo inteligente delante del que hacer todo tipo de rutinas. ¿Estamos ante un fenómeno con recorrido? ¿Es el deporte en casa, estimulado con modelos sociales de este tipo, una tendencia sostenible?

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